jueves, 1 de octubre de 2015

Muchas tardes, un encuentro - Parte II -

Nada mejor que una noche de lluvia intensa, para compartir esta segunda parte....




Llegamos a destino, estaciono su nave, descendió y abrió la puerta de mi lado para que yo bajara, me ayudo con la bolsa mientras yo colgué de mi hombro la cartera, eran las seis de la tarde, aun unos niños jugaban por las calles a la vista de sus madres o niñeras, a nuestro paso uno de ellos se acerco en busca de la pelota que se deslizaba por las piernas de Mati, quien con un tierno gesto le acaricio el cabello color maíz, el niño se sonrió, chocaron sus manos y seguimos nuestro camino. Subimos por ascensor al segundo piso, abrió la puerta y me invito a pasar luego lo hizo él. Una vez adentro, tomo mi cartera para colgarla se dirigió hacia el living, un amplio ambiente confortable, del cual solo nos moveríamos hacia la cocina, en busca de un fernet  o al baño, ya les contare mas sobre el baño.
Puso un video del recital de The Killers, banda que sonaría durante más de siete horas, tiempo que duró mi estadía allí. Luego me invito a tomar un fernet. Bajó las cortinas de las amplias ventanas que daban a un gran balcón, el sol no participo de nuestro lujurioso encuentro, quedó afuera jugando con los niños. Me invito a sentarme en un amplio y confortable sillón, el desapareció por un instante y volvió vistiendo un bermuda tipo maya, descalzó sus pies perfectos, y  remera de un amarillo muy suave, entonces decidí quitar mis botas, nos sentamos enfrentados en posición indiecito uno a cada extremo. Hablamos, reímos, nos miramos tanto y tan intensamente, de pronto repare que yo seguía en mi posición pero él había extendido sus piernas y con sus pies acariciaba la extensión de mis doradas piernas, repitió el gesto de morder su labio inferior en más de una oportunidad y repetía “sos hermosa, esto es increíble”.
En un momento se incorporo, arrodillándose en el sillón, lentamente se acercaba a mí y me pidió que no me sonría más del modo que lo hacía, que con cada sonrisa mía él sentía estallar. No se por qué motivo me avergoncé y baje mi cabeza. El tomo mi mentón en un gesto de levantar mi cara, miro a mis ojos, su mano tomo el cierre que impedía ver mi escote y pregunto “¿puedo?” a lo que respondí con una sonrisa, inmediatamente tenía sus manos descubriendo mis grandes pechos, mirándolos sorprendidos, me preocupo no fueran de su agrado, pero decidí no interrumpir el momento. Sentí su intensidad al apretarlos, jugo con ellos, ponía su cara en el medio de ellos, absorbía su aroma, alzo su mirada hacia mí y me dijo “me encantan, me vuelven loco, es lo que imagine todo este tiempo”.
Esto se extendió un tiempo más, yo disfrutaba al ver sus caras, de sentir sus suaves manos, sus gestos de sorpresa y por momentos de placer.  El solo reparó en mis pechos, intenté besarlo y no lo logre, hasta ese momento no habíamos besado nuestros labios, ni siquiera intento tocar alguna otra parte de mi cuerpo.
Luego se paro, extendió su mano y así invito a pararme, me quito el vestido, miro en detalle mi cuerpo, y lo halago, lo raro para mi es no haber sentido pudor o temor a la desnudez, ya que siempre sentí mi cuerpo tan imperfecto, pero evidentemente con él era bella, perfecta y sobre todo segura de mi.
Caminó delante mio y me guió llevándome de la mano, suave en sus movimientos, él en calzoncillo blanco, no recuerdo en qué momento se desvistió. Llegamos al baño, siempre tomados de la mano, me ingreso a la bañera, mi corazón latía desbordado, sonreí en todo momento, no por nervios, si no feliz y ansiosa por lo que vendría.  Me recostó dejando apoyada mi espalda sobre el extremo, él se paró a un costado, fuera de la bañera, se quito el calzoncillo y mientras lo hacía, me pidió que le fuera sincera y le dijera si “lo tenía grande o era más bien pequeño”  y dejo caer su miembro a la altura de mi cara, sobre ella, para mi sorpresa para nada excitado, entonces lo tomo con su mano derecha y comenzó a orinar mi cara, instintivamente abrí mi boca y lo bebí , me gusto, excito, quería absorber todo de él, miraba su cara el placer en sus gestos y me sentí diosa, diosa dadora de placer. Estuvimos bastante tiempo en ese acto, tanto como para que él recorra todo mi cuerpo con su transparente liquido, no dejo lugar sin recorrer, sin mojar.
Me gusto, quería mas, jamás había pasado por una situación igual, nunca pensé que algo tan asqueroso para algunos fuera tan excitante para otros, tan excitante para mí.
Totalmente desprejuiciada, sentí desbordar de placer, aunque no sé porque motivo no quería que él lo note. Absolutamente todo en ese instante me parecía único, me sorprendía e intrigaba el motivo por el cual el sintiera placer con ese acto. Me preguntaba si todos los hombres lo desean  y se reprimen. Temí que al contar esta experiencia a otra mujer esta sintiera pena por mí.
Una vez que termino de orinar sobre mi cuerpo, me incorporó tomándome de la mano, preparo la ducha probando con sus manos el calor del agua y acto posterior me baño, con un blanco y amplio toallón envolvió mi cuerpo y me seco de manera prolija, delicado, cada uno de mis dedos, subió por mis piernas, obvio mi sexo, siguió por mi espalda, brazos, abdomen, pecho y una vez más allí se detuvo. Acto seguido, volvió a orinar pero lo hizo en el inodoro, se sonrió y menciono que lo hubiera hecho nuevamente sobre mí.
Volví al living, él lo hizo tiempo después, mientras recorrí el ambiente, observe que debajo de la mesa de sitio de tapa vidriada se encontraban varios ejemplares de la revista Play Boy, a un lado una estación de trabajo. Sobre la pared detrás al sillón colgaba una guitarra eléctrica sin sus cuerdas y la cartelera de Pulp Fiction enmarcada. Sobre la pared opuesta un cuadro con insignias del que debe ser su club de futbol Newell´s Old Boys, entonces reaccione sobre nuestras coincidencias, adoro bailar la coreografía de Pulp Fiction y mi equipo de futbol por elección es NOB, nunca se lo mencione, decidí reservarme esos detalles, me pareció cursi, un comentario tonto. Confirme que nuestras almas ya se conocían, sentí la dicha de ellas por el re encuentro.

 Totalmente desnudos nos tomamos otro fernet sentados en el sillón del mismo modo que antes, solo que sin nuestras ropas, despojados de todo hasta de nuestro pudor, me preguntó si me sentía bien, si me había gustado lo que hicimos a lo que agregó “y bueno considerando que venís de una zona petrolera,  no podía dejar de sorprenderte, esto también es no convencional” me causo gracias su comentario y reímos.

Hablamos de nuestras vidas, de viajes, del encuentro y escuche a The Killers cantando Read my mind, tema que adoro.
Lo vi que comenzó a tocar su sexo y me alcanzo un aparato rosa que sugirió usara yo, me pidió que me tocara frente a él, a lo que accedí, me di placer, aunque hubiera querido que él lo haga por mí, por momentos sentí vergüenza al reconocer mi cuerpo tan expuesto, incluso me sentí tonta de seguir sus deseos y no reclamar se concreten los míos, aunque serían tan convencionales y aburridos para él.
En mi interior me debatía por el placer, satisfacción del momento vivido y mis prejuicios. Desconocía a la mujer que se hallaba en ese sillón con aquel hombre, dejando hacer perversiones.

Me intrigaba su psicología, el que no me tocara, o penetrara, por más que intentara entender era imposible hacerlo. Entonces me decidí por seguir disfrutando con el temor del después, que pasaría si seguía deseando que hagan con migo todo esto. Cómo se lo pediría a un hombre sin asustarlo.


Continua...